05 marzo 2013

Suicidio y armas de fuego, una epidemia en Estados Unidos


Desde que ocurrió la masacre en la escuela de Newtown el pasado mes de diciembre, gran parte del debate en Estados Unidos se ha centrado en el rol que las armas de fuego tienen en las matanzas colectivas y los asesinatos, y en cómo limitar el uso de los fusiles de asalto y los cargadores de gran capacidad.
Sin embargo, algunas organizaciones han aprovechado la acalorada discusión para poner el foco sobre una realidad que muchas veces pasa desapercibida: cada año muchos más estadounidenses mueren por armas que usan contra sí mismos que como víctimas de homicidios.

Y es que, según datos de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, alrededor de 19.000 de las 31.000 muertes por armas de fuego que se producen cada año en EE.UU. fueron suicidios.
Lo que preocupa a los profesionales de la salud y a las autoridades es el alto nivel de efectividad que tienen las pistolas y los fusiles comparados con otros métodos: el 85% de los intentos de suicidio con armas de fuego acaban en muerte, mientras que tan sólo un 2% de los que se llevan a cabo con pastillas son exitosos.
Los psiquiatras y psicólogos hacen hincapié en que, si bien se deben examinar los motivos que llevan a alguien a querer quitarse la vida, también es importante analizar cómo la persona ha intentado suicidarse.
Es por ello que la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard ha puesto en marcha el proyecto Means Matter (los medios importan), para poner de relevancia el papel que las armas juegan en los suicidios.
"No es tan sencillo morir" "Hay una tremenda disparidad en el porcentaje de muertes en función del método que se elige para el suicidio. No es tan sencillo morir en un intento de suicidio y las armas sin duda lo hacen más fácil", le dijo a BBC Mundo Catherine Barber, directora de Means Matter.
Según Barber, la mayoría de los que quieren quitarse la vida invierten poco tiempo en planear el suicidio. Todo suele ser fruto de un impulso y si el método elegido es un arma, hay pocas posibilidades de que el suicida pueda arrepentirse de su decisión.
"He analizando cientos de suicidios y lo que más me llama la atención es que en muchos de los casos el día en que se llevó a cabo el suicidio ocurrió un evento que actuó como detonante. Una ruptura sentimental, una discusión en casa, problemas en la escuela…".
"Los pensamientos suicidas no suelen durar mucho tiempo. Aparecen y luego puede que no regresen. Sólo una minoría de personas se mantiene en estado suicida durante un largo periodo de tiempo", destaca Barber.
En un estudio de 2005 realizado con un grupo de personas que sobrevivieron a un intento de suicidio, una cuarta parte de los entrevistados dijo haber planeado el acto suicida durante menos de cinco minutos.
Además, según explica Barber, otras investigaciones señalan que un 90% de las personas que intentan quitarse la vida sin éxito nunca acabarán muriendo por esta causa. De acuerdo con la especialista, tan sólo un 10% cumplirá su propósito.
Las cifras de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades ponen en evidencia la efectividad de las armas de fueg pese a que en EE.UU. poco más de un 5% de los intentos de suicidio se realizan con armas, estas están presentes en un 55% de los suicidios que acaban en muerte.
Los expertos destacan que el papel fundamental que tienen las armas queda también demostrado por el hecho de que en los estados con un mayor número de propietarios de pistolas y fusiles se registran más suicidios.
A más armas, más suicidios
"Los suicidios ocurren en todo EE.UU., pero en los lugares con una acceso más sencillo a las armas hay un número de suicidios adicionales", le explicó a BBC Mundo Kenneth Duckworth, psiquiatra y director médico de la Alianza Nacional para las Enfermedades Mentales.
"Los estados con más armas tienen unos niveles de suicidio más altos -como Wyoming, Montana, Alaska y Nevada- mientras que los nueve estados con un menor número de propietarios de armas tienen unas cifras de suicidio significativamente más bajas", señala el experto.
Según Duckworth, cualquier legislación que se pueda aprobar en Washington para incrementar el control de armas, hará poco para cambiar esta realidad. En su opinión, son los profesionales de la salud y los familiares de las personas con instintos suicidas los que deben actuar, limitándoles el acceso a las armas de fuego.
Catherine Barber, de Means Matter, comparte este enfoque. Según explica, "en Reino Unido en los años '60 el uso de gas doméstico era el método de suicidio más común (meter la cabeza en el horno). Pero cuando empezaron a reemplazar el gas altamente tóxico por uno menos letal, los suicidios por esa causa se redujeron un tercio".
"Lo mismo sucedió en Sri Lanka", explica, "en donde los pesticidas eran el método más común de muerte por suicidio".
"En los años '90 dejaron de importar el pesticida más letal para los humanos y el porcentaje de suicidios con pesticidas bajó a la mitad en 10 años".
Ante estas evidencias, en varios estados de EE.UU. las autoridades están llevando a cabo campañas para que los familiares de personas que están atravesando momentos difíciles, sepan detectar los síntomas de una conducta suicida y guarden en un lugar seguro las armas para evitar que sean utilizadas en un acto impulsivo.
Según informaba recientemente el diario The New York Times, en lugares como Missouri, Wyoming y Carolina del Norte las autoridades están repartiendo seguros para colocar en pistolas y rifles, y en Nueva Hampshire las tiendas está repartiendo folletos con información sobre cómo poner las armas a buen recaudo, para evitar que familiares y amigos se autolesionen.
Catherine Barber lo tiene claro. "Todo lo que se pueda hacer para poner tiempo y distancia entre una persona y un método de suicidio altamente letal como un arma puede ayudar a salvar vidas".

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