24 agosto 2012

Raymond Pozo cuenta los tiempos en que pasaba hambre y penurias

Raymond Pozo
La fama y la fortuna que su exitosa carrera artística le han brindado no le han hecho olvidar el suelo que pisa, ni la infancia repleta de carencias y tampoco las tantas noches que pasó en los estudios de Radio Televisión Dominicana por falta de un pasaje de ida a su pueblo natal. “A veces conseguía lo de venir, pero no lo de volver”. Nació en un campo llamado Jamey,
de San Cristóbal. Hijo de Cristina Pozo y Pedro Figueroa. “A los siete años nos fuimos a San Cristóbal y allí limpiaba zapatos, vendía pan, maní, cebolla, manejaba un triciclo y una carretilla, realicé todos los trabajos que hace un niño normal hijo de padres pobres. Pero nunca me aparté de la escuela ni me separé de mi familia, ni de la gracia de Dios. Nuestros padres nos enseñaron que Dios es lo primero y eso le enseño hoy a mis hijos”. 1. Un hogar feliz Tengo muchos recuerdos, a pesar de que siempre he dicho que tengo mucha pobreza y muchas carencias en mi memoria, no registro momentos de infelicidad por eso; al contrario, nosotros nos reuníamos todos los hermanos a disfrutar el hambre. Hacíamos chistes y cuentos y así se nos pasaba el tiempo. Yo tengo una hermana que es educadora, que fue la única de nosotros que pudo ir a la universidad. Recuerdo que ella estudiaba de tarde y yo de noche. Íbamos a la escuela con un solo par de tenis, cuando ella llegaba yo estaba con el uniforme sentado en una silla, esperando que ella llegara, para que me diera los tenis. Ahora nos reímos muchísimo cuando lo recordamos. Mis hermanos creen que yo soy su orgullo, pero es al contrario, ellos son mi orgullo. En la casa, para ellos, no soy el artista, soy simplemente el hermano. 2. Humorista desde chiquitico El humor es un don de Dios, uno nace con eso, no hay una escuela. Desde niño, basándome en nuestras propias necesidades, yo hacía humor, en el barrio y en la escuela. Cuando yo era niño había una canción que decía: “en un plato vacío hay una sonrisa”. Entonces cuando mi hermana llegaba de la escuela, yo le guardaba un plato vacío tapado, y le decía: “ahí en un plato vacío hay una sonrisa”. Hoy hacemos bromas con eso, aunque en ese momento nos causaba dolor. Es que el hambre y yo hemos peleado de a duro, pero cada una de las díficiles situaciones despertaron en mí el don que Dios me había otorgado, que era hacer reír, y que a pesar de que la vida puede ser dura, en cada plato vacío hay una sonrisa. 3. El adiós a mi madre No fue fácil. Es el momento más amargo de mi existencia, me dejó un sabor que nunca se va a apartar de mi boca. Cuando uno pierde su madre, pierde el 90 por ciento de su felicidad. Pueden venir momentos buenos y tú los disfrutas, pero cuando ves que no los puedes compartir con ella, se te amarga la existencia. A pesar de ser cristiano y hombre de fe, que sé que Dios ha contribuido mucho con mi conformidad, puedo decirte que no he superado su pérdida. Ella murió hace siete años. Hoy recuerdo sus bendiciones, su amor incomparable. Era el ser humano más dulce que he podido conocer. Nunca olvidaré que paraba de orar solo cuando todos sus hijos llegaban de la calle. 4. Difícil comienzo Nosotros tuvimos muchísimas dificultades para iniciar nuestra carrera. A pesar de que nosotros tocamos miles de puertas sin resultados, al final pudimos lograrlo. En mi caso, yo participé en un festival que realizó el señor René Fiallo, en 1989, que se llamaba Primer Festival de la Parodia y el Humor y ahí empaté el segundo lugar; pero después de eso toqué muchísimas puertas sin respuesta positiva. René Fiallo me tomó mucho afecto y yo le pedí trabajo para lavar carros en su dealer, porque lo veía como un acercamiento a los artistas. Ahí duré un tiempo, conocí a muchos comediantes. 5. Un paso hacia la fama Recuerdo que llegamos a Caribe Show un grupo de comediantes, nos dieron una oportunidad que se la agradecemos a Francis Moya, a Luis Crusiel, Érico Zapata y Pedrito Núñez, además a Nelson Caba. Cuando yo llegué ya el elenco estaba formado, ya eran artistas que yo veía en el periódico. Para mí fue una bendición que me dieran la oportunidad de integrar ese elenco. 6. El peor estudiante Admito que fui el peor de los estudiantes. No podía existir uno más malo, pero me ganaba a los profesores y a los compañeros con el humor, haciéndolos reír. Los días festivos yo participaba en las actividades. Así era en las reuniones familiares, yo era el hazmerreír, el payaso de la familia. Recuerdo que por mi casa pasaba una guagüita anunciadora, que comenzaba diciendo así: señora, señorita, y a usted también caballero…. Y eso a mí me parecía tan gracioso, y yo fui el único en el barrio que me lo aprendí. A veces yo comenzaba a imitarla y la gente salía pensando que era la guagua. 7. Sorprendido por la fama Cuando uno tiene un sueño de ser artista, en lo menos que piensa es en el dinero, siempre el dinero y la fama lo sorprenden. Ahora hay muchachos que se acercan y piden una oportunidad, pero lo hacen porque nos ven bien montados, que ganamos dinero… y no está mal, pero ellos lo están viendo como un trabajo, y en el caso de nosotros, la fama y el dinero nos sorprendieron. Mi compadre Miguel y yo, que ya tenemos 20 años en esto, fuimos los últimos en tener carro, porque para nosotros, en ese momento, un carro era un lujo, no una necesidad. 8. El primer carro Tanto mi compadre Miguel como yo sacamos nuestro primer vehículo con solo cinco mil pesos cada uno. Fuimos a un dealer y él nos tuvo confianza y nos dio el auto con esa cantidad de dinero como inicial, fue algo descabellado, pero así fue. Al que le cuento lo que pasó ese día se queda sorprendido, porque es un poco increíble que le permitan a alguien, con tan poco dinero, sacar un carro. 9. La amistad con Miguel Nosotros no somos amigos de la farándula. Nos conocimos hace 20 años y conversando nos dimos cuenta de que teníamos muchas cosas en común: nuestras familias, los sentimientos, nuestros orígenes. Incluso, el mismo grado de responsabilidad con nuestras respectivas familias. Nosotros hemos colocado los valores familiares por encima de lo que puede ser este negocio. Aunque últimamente no, antes, se nos acercaban muchas personas que querían distanciarnos, recuerdo que hasta llegaban a hacer comparaciones por separado y nos decían a uno y a otro, “oye, pero tú eres mejor que fulano”. Entonces nos alejábamos de esas personas. Antes de conocer a Miguel, en mi casa éramos 10 hermanos; ahora somos once. Es mi hermano, ha estado en todos los momentos de mi vida, buenos y malos. Me considero ser una persona un poco diferente, le he manifestado que él nunca me juzga. Siempre nos hemos respetado. Aquí no hay sueldo, el dinero que hay lo usa el que lo necesita. Enfrentamos juntos cualquier situación. 10. Mi esposa Una bendición. Tengo 20 años de casado con mi esposa, que se casó conmigo cuando yo era sastre, no artista. Mayra es la madre de mis tres hijos y yo le doy un gran valor, ella es imprescindible e insustituible en mi vida, ella es más mujer que yo hombre. Ella es una fajadora incansable y, al igual que yo, está consciente de la importancia que tiene el darles una buena educación a nuestros hijos. Por disposición de mi esposa, como viajamos mucho, estamos adaptándonos a ellos. En mi casa vemos televisión en mi habitación y se ve lo que ellos quieran ver. Es muy importante pasar tiempo de calidad con mis hijos, por los momentos que estoy ausente por trabajo, trato siempre de complacerlos, pero inculcándoles que es importante ganarse las cosas. Amigo verdadero Aunque últimamente no, antes se nos acercaban muchas personas que querían distanciarnos a mí y a Miguel”. Mal estudiante Admito que fui el peor de los estudiantes. No podía existir uno más malo, pero me ganaba a los profesores y a los compañeros haciéndolos reír”. Es un hermano Antes de conocer a Miguel, en mi casa éramos diez hermanos; ahora somos once, porque él es para mí como un hermano”. Una compañera Mi esposa es indispensable en mi vida, más bien insustituible, se casó conmigo cuando era sastre, no artista, y tenemos 20 años de casados”. No todo en la vida causa risa “Yo no soy artista cuando tengo un hijo enfermo. Yo lo cojo y lo llevo al médico, lo acompaño como haría cualquier padre. Muchas veces la gente no entiende eso y si tú estás en una clínica se supone que no es por algo bueno. Recuerdo una amarga experiencia. Mi papá, que es un roble, el hombre que admiro, al que quiero parecerme, al que más amo en la tierra, le dio un derrame cerebral y no es el hombre que yo estoy acostumbrado a ver, porque él es maestro constructor y a pesar de que uno le pagaba para que no trabajara, como quiera lo hacía escondido de uno. Estaba con él en el hospital, y lo íbamos a bañar entre mi esposa, mi hermano y yo, y una señora se acercó a querer hacer chistes. Dos veces le dije: señora, este no es el momento, ese es mi papá. Y qué va, ella seguía, que eso era para pájaro cargar a un hombre. En esos momentos uno no es artista, uno tiene sus sentimientos y la gente debe respetarlos”. Escrito Por: Evelyn Irrizarri/El Caribe

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